Brasil reduce la deforestación a su nivel más bajo desde 2019, pero la presión agrícola persiste
Un informe de MapBiomas revela una caída del 20.6% en la destrucción de vegetación nativa en 2025, un éxito para las políticas del gobierno de Lula. Sin embargo, la expansión agropecuaria sigue siendo el principal motor de la pérdida forestal.

Brasil ha logrado una reducción significativa en la destrucción de su vegetación nativa, alcanzando en 2025 el nivel más bajo de deforestación desde 2019. Según un informe de la red de monitoreo MapBiomas publicado el 27 de mayo de 2026, la deforestación cayó un 20.6% en comparación con el año anterior, con una pérdida total de aproximadamente 985,000 hectáreas. Este es un logro notable para la administración del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que ha prometido erradicar la deforestación ilegal para 2030.
Un respiro para los pulmones del planeta
Los datos muestran una tendencia positiva en todos los biomas del país. La Amazonía, el bosque tropical más grande del mundo, registró una disminución del 23.5% en la deforestación. El Pantanal, el humedal más extenso del planeta, tuvo la caída proporcional más grande, con un 48.4% menos de área deforestada en comparación con 2024. Por primera vez en siete años, la cifra total de vegetación perdida se ubicó por debajo del millón de hectáreas.
Estos resultados se atribuyen a un fortalecimiento de las políticas ambientales bajo el gobierno de Lula, que incluyen un aumento de la fiscalización, mayor monitoreo satelital y más transparencia. Desde su llegada al poder, el presidente reactivó el Fondo Amazonía, un mecanismo de cooperación internacional para financiar la conservación, y estableció el Ministerio de los Pueblos Indígenas, buscando proteger los territorios más vulnerables.
El desafío persistente de la agricultura
A pesar de los avances, el informe de MapBiomas subraya que la lucha está lejos de terminar. La principal fuerza detrás de la destrucción sigue siendo la expansión de la agroindustria, responsable de más del 97% de la pérdida de vegetación nativa en los últimos siete años. La demanda global de carne y soja impulsa la conversión de bosques y sabanas en pastizales y campos de cultivo. El Cerrado, la sabana con mayor biodiversidad del mundo, fue el bioma más afectado en 2025, concentrando el 54.9% de toda la deforestación del país.
El gobierno de Lula enfrenta una compleja ecuación: equilibrar el crecimiento de un sector que es pilar de la economía brasileña con sus ambiciosos objetivos climáticos. Aunque se promueven técnicas de agricultura sostenible y la recuperación de pasturas degradadas como alternativas para aumentar la producción sin destruir más ecosistemas, su adopción a gran escala sigue siendo un reto. Los expertos señalan que, a pesar de la caída, Brasil todavía pierde el equivalente a cinco árboles por segundo solo en la Amazonía.
El camino hacia la deforestación cero
El compromiso de Brasil de alcanzar la deforestación cero para 2030 es fundamental en la lucha global contra el cambio climático. Los bosques amazónicos almacenan entre 60,000 y 80,000 millones de toneladas de carbono, y su destrucción libera anualmente cerca de 200 millones de toneladas. Para cumplir su meta, el país no solo debe consolidar sus estrategias de vigilancia y control, sino también abordar las causas estructurales de la deforestación, como la especulación de tierras y la baja productividad ganadera en áreas ya existentes.
La reducción lograda en 2025 es una señal esperanzadora que demuestra la efectividad de políticas ambientales robustas. No obstante, la presión del agronegocio y los desafíos económicos y políticos internos indican que el camino para salvar los ecosistemas más vitales de Brasil y del mundo requerirá un esfuerzo sostenido y profundo.
