El microbioma de Ötzi: levaduras de 5.300 años de antigüedad han sido reactivadas
Un estudio revela que la momia de hielo no es una cápsula del tiempo biológicamente inerte, sino un ecosistema dinámico que alberga microorganismos antiguos aún activos y una flora intestinal única de la Edad del Cobre.

En un descubrimiento que redefine nuestra comprensión de la vida microbiana antigua, un equipo de científicos ha logrado reactivar levaduras de 5.300 años de antigüedad encontradas en Ötzi, el Hombre de Hielo. El estudio, publicado el 3 de junio de 2026 en la prestigiosa revista Microbiome, revela que la famosa momia glaciar es un ecosistema dinámico, ofreciendo una ventana sin precedentes al microbioma humano de la Edad del Cobre.
Un ecosistema congelado en el tiempo
Desde su hallazgo en los Alpes de Ötztal en 1991, Ötzi ha sido una fuente inagotable de información sobre el pasado. Ahora, la investigación liderada por Frank Maixner de Eurac Research en Italia, ha profundizado en el universo microscópico que habita en y sobre sus restos momificados. Los resultados muestran que Ötzi no es simplemente una reliquia estática, sino una "interfaz biológica dinámica".
El equipo descubrió que la momia alberga comunidades de microorganismos tanto antiguos como modernos. Sorprendentemente, algunas de estas levaduras ancestrales, adaptadas a condiciones de frío extremo, no solo han sobrevivido milenios en el hielo, sino que han demostrado ser capaces de reactivarse en condiciones de laboratorio. Esto sugiere que, incluso en las estrictas condiciones de conservación del museo (-6 °C y 99% de humedad), podría existir actividad biológica.
El microbioma perdido del pasado
Más allá de las levaduras, el análisis del contenido intestinal de Ötzi ha proporcionado una revelación crucial sobre la evolución de nuestra propia flora bacteriana. Los científicos identificaron bacterias intestinales antiguas que son extremadamente raras en las poblaciones de las sociedades industrializadas modernas. Estas cepas, sin embargo, todavía se pueden encontrar en comunidades con estilos de vida tradicionales y no industrializados, lo que sugiere un cambio drástico en el microbioma humano a lo largo de los milenios.
Este hallazgo ofrece una perspectiva única sobre cómo era la microbiota intestinal humana antes de la llegada de la agricultura intensiva, los alimentos procesados y los antibióticos. El estudio del microbioma de Ötzi se convierte así en una herramienta fundamental para la paleomicrobiología, permitiendo a los científicos rastrear la evolución de la relación simbiótica entre los humanos y sus microbios.
Implicaciones para la ciencia y la conservación
El descubrimiento de que los microorganismos pueden permanecer viables durante milenios y reactivarse tiene profundas implicaciones. Por un lado, plantea nuevos desafíos para la conservación de especímenes antiguos como Ötzi, ya que se debe monitorear constantemente esta actividad microbiana para evitar la degradación de los restos. Los investigadores subrayan la necesidad de entender la interacción entre los microbios ancestrales y los contaminantes modernos introducidos desde su descubrimiento.
Por otro lado, este estudio abre la puerta a nuevas líneas de investigación. La capacidad de cultivar y estudiar estos microorganismos antiguos podría desvelar secretos sobre su metabolismo y adaptación, e incluso tener aplicaciones biotecnológicas inesperadas. Como señaló un investigador, preliminarmente, algunas de estas levaduras demostraron potencial para hacer masa madre, aunque la idea de un pan hecho con levadura de una momia de 5.300 años sigue siendo, por ahora, una curiosidad científica.
En definitiva, Ötzi sigue demostrando que es mucho más que una momia bien conservada. Es una cápsula del tiempo viva, un ecosistema que ha viajado 5.300 años para contarnos no solo sobre la vida humana en la Edad del Cobre, sino también sobre el mundo invisible que siempre nos ha acompañado.
