Crean perlas proteicas con residuos de alimentos para capturar CO2 del aire
Científicos de ETH Zúrich desarrollan un material biodegradable a partir de desechos de lácteos y tofu que absorbe dióxido de carbono de forma más eficiente y con menor gasto energético que las tecnologías actuales.

Un equipo de científicos de la universidad suiza ETH Zúrich ha desarrollado un método innovador para combatir el cambio climático utilizando un recurso inesperado: los residuos de la industria alimentaria. Mediante un proceso novedoso, han creado perlas de proteína biodegradables capaces de capturar dióxido de carbono (CO2) directamente de la atmósfera de manera altamente eficiente. Esta tecnología, publicada en la prestigiosa revista PNAS el 11 de junio de 2026, ofrece una alternativa sostenible y de bajo costo a los métodos de captura de aire directo (DAC) existentes.
Una solución basada en la economía circular
El núcleo de esta innovación reside en el aprovechamiento de subproductos de la fabricación de lácteos y tofu, como el suero, que a menudo se desechan. Los investigadores procesan las proteínas de estos residuos para formar finas cadenas que, una vez combinadas con hidróxido de potasio, se moldean en pequeñas perlas porosas. Este material funciona como una esponja, atrapando eficazmente el CO2 del aire circundante.
A diferencia de los sistemas de captura de carbono convencionales, que requieren grandes cantidades de energía para liberar el CO2 almacenado, este nuevo método presenta una ventaja crucial. El dióxido de carbono capturado por las perlas puede liberarse simplemente rociándolas con una solución ligeramente ácida a temperatura ambiente, un proceso que dura aproximadamente 10 minutos y consume mucha menos energía.
Sostenibilidad de principio a fin
La naturaleza completamente orgánica de las perlas es otro de sus atributos más destacados. En pruebas de laboratorio, el material ha demostrado ser estable y eficiente durante al menos 30 ciclos de absorción y liberación de CO2 sin una pérdida significativa de su capacidad. Una vez que las perlas llegan al final de su vida útil, no se convierten en un desecho problemático.
Gracias a su composición biodegradable, tienen el potencial de ser reutilizadas como fertilizante para la agricultura o incluso transformadas en biocombustible. Este enfoque se alinea perfectamente con los principios de una economía circular, donde los residuos de una industria se convierten en la materia prima para una nueva solución tecnológica, minimizando el impacto ambiental en todo el ciclo de vida del producto.
Este avance representa un paso significativo hacia tecnologías de remoción de carbono más accesibles y ecológicas, un elemento que, según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), será fundamental para limitar el calentamiento global. Al combinar la gestión de residuos alimentarios con la lucha contra el cambio climático, esta innovación abre una nueva vía prometedora para un futuro más sostenible.
