El Tratado de Alta Mar entra en vigor e inicia una nueva era para la protección oceánica
El histórico acuerdo para la conservación de la biodiversidad en aguas internacionales ya es derecho internacional, abriendo un camino para proteger casi la mitad del planeta.

Un hito para la diplomacia y la conservación global se concretó este 17 de enero de 2026 con la entrada en vigor del Tratado de Alta Mar. Este acuerdo histórico, formalmente conocido como el acuerdo sobre la Biodiversidad más allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ, por sus siglas en inglés), establece por primera vez un marco jurídico para proteger la biodiversidad en aguas internacionales, que cubren casi la mitad de la superficie del planeta y dos tercios del océano. La implementación de este tratado es crucial para alcanzar el objetivo de proteger el 30% del planeta para el año 2030.
Un marco para gobernar el océano global
Adoptado en junio de 2023 en la sede de las Naciones Unidas, el tratado alcanzó las 60 ratificaciones necesarias en septiembre de 2025, permitiendo su entrada oficial en vigor. Su principal objetivo es abordar la gobernanza fragmentada y la regulación deficiente que durante décadas han afectado a la alta mar. Estas zonas, que se encuentran fuera de las fronteras nacionales, son patrimonio común de la humanidad y albergan ecosistemas vitales, además de servir como corredores migratorios para innumerables especies.
El acuerdo se sustenta en cuatro pilares fundamentales: la creación de Áreas Marinas Protegidas (AMP) en alta mar, la exigencia de evaluaciones de impacto ambiental para actividades potencialmente dañinas, un marco para el reparto justo y equitativo de los beneficios de los recursos genéticos marinos y el fomento de la creación de capacidades y transferencia de tecnología marina.
El desafío de la implementación
Con el tratado ya como derecho internacional, el verdadero desafío comienza ahora: su implementación efectiva. Organizaciones y expertos señalan que el siguiente paso es traducir el acuerdo en cambios significativos y duraderos en el océano. Países como Chile ya están impulsando propuestas concretas, como la protección de la cordillera submarina de Salas y Gómez y Nazca bajo este nuevo marco legal, demostrando el potencial del acuerdo para la acción inmediata.
El tratado no solo es una herramienta de conservación, sino también una pieza clave en la lucha contra la triple crisis planetaria: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. El océano ha absorbido cerca del 90% del exceso de calor y el 25% de las emisiones de dióxido de carbono generadas por la actividad humana. Proteger la alta mar es, por tanto, fundamental para asegurar la resiliencia de los ecosistemas y la estabilidad climática global.
Un futuro de esperanza y cooperación
La entrada en vigor del Tratado de Alta Mar inaugura una nueva era de gobernanza y cooperación multilateral. Representa la culminación de casi dos décadas de negociaciones y simboliza un compromiso global con un futuro más sostenible. El éxito de este acuerdo dependerá de la colaboración entre gobiernos, la industria y la comunidad científica para pasar de los compromisos en papel a una protección real y efectiva en las vastas y vitales aguas internacionales.
