Martes, 23 de Junio de 2026
Ciencia

Hallan en Nueva Zelanda una “cápsula del tiempo” con el ancestro volador del kākāpō

Un excepcional yacimiento de un millón de años, sellado por ceniza volcánica, revela un ecosistema perdido y reescribe la evolución de una de las aves más icónicas del mundo.

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Por Redacción KENJA23 de junio de 2026, 11:13 a. m.

Un equipo de paleontólogos ha anunciado el descubrimiento de un extraordinario yacimiento de fósiles en una cueva de la región de Waitomo, en la Isla Norte de Nueva Zelanda. El hallazgo, descrito como una ‘cápsula del tiempo’ de un millón de años de antigüedad, contiene los restos perfectamente conservados de un ecosistema prehistórico, incluyendo 12 especies de aves y cuatro de ranas. Entre los fósiles destaca el de un posible ancestro volador del kākāpō, el único loro no volador del mundo.

Un Mundo Perdido Bajo Tierra

El descubrimiento se realizó en las profundidades del sistema de cuevas de piedra caliza de Waitomo, famoso por sus formaciones geológicas de millones de años. Protegido entre dos capas de ceniza volcánica, el yacimiento ofrece una ventana sin precedentes a la vida en la Isla Norte mucho antes de la llegada del ser humano. Los restos fosilizados pintan la imagen de un ecosistema vibrante que fue moldeado por drásticos cambios climáticos y violentos cataclismos volcánicos.

Los científicos han identificado 16 especies distintas, muchas de ellas desconocidas hasta ahora para la ciencia. La increíble preservación de los especímenes, atribuida a la protección de la ceniza, permitirá a los investigadores reconstruir no solo la anatomía de estos animales, sino también su entorno y las dinámicas ecológicas de la época.

El Kākāpō que Podía Volar

El hallazgo más significativo es, sin duda, el de un pariente antiguo del kākāpō. El kākāpō moderno (Strigops habroptilus) es un ícono de la fauna neozelandesa, conocido por ser el loro más pesado y el único incapacitado para volar. Su evolución en un entorno libre de depredadores mamíferos lo llevó a adoptar un estilo de vida terrestre. Sin embargo, los huesos del ala del ancestro recién descubierto sugieren que tenía capacidad de vuelo.

Este descubrimiento podría cambiar fundamentalmente la comprensión de la historia evolutiva del kākāpō. Sugiere que la pérdida de la capacidad de volar fue una adaptación mucho más reciente de lo que se pensaba, probablemente impulsada por cambios ambientales en su hábitat. El fósil representa una pieza clave del rompecabezas evolutivo de esta especie, un tesoro (o "taonga") para la ciencia y la cultura de Nueva Zelanda.

La Fauna de una Nueva Zelanda Prehistórica

Los fósiles de Waitomo ayudan a completar el panorama de un mundo dominado por aves gigantes. Hace un millón de años, Nueva Zelanda era el hogar de los moa, aves no voladoras que podían alcanzar más de tres metros de altura, y del águila de Haast, el águila más grande que jamás haya existido y su principal depredador. El nuevo yacimiento revela la existencia de la fauna más pequeña que coexistía con estos gigantes, mostrando una biodiversidad rica y compleja.

La presencia de cuatro especies de ranas también es crucial, ya que los anfibios son indicadores muy sensibles de la salud de un ecosistema y su capacidad de resiliencia frente a cambios ambientales, como las erupciones volcánicas que asolaron la región.

Sellado por el Fuego: El Rol de los Volcanes

La extraordinaria conservación y datación precisa de los fósiles ha sido posible gracias a la violenta historia geológica de la isla. La región se encuentra en el Cinturón Volcánico de Taupō, una de las zonas volcánicas más activas del planeta. Los análisis estratigráficos indican que el yacimiento quedó sellado entre dos erupciones masivas ocurridas hace aproximadamente un millón de años. Estas erupciones cubrieron el paisaje con una gruesa capa de ceniza, que penetró en la cueva y protegió los restos del paso del tiempo.

Este hallazgo no solo arroja luz sobre la evolución de especies individuales, sino que documenta el poder de la naturaleza para dar forma a la vida. Demuestra cómo los ecosistemas de Nueva Zelanda han sido puestos a prueba por cataclismos naturales mucho antes de que la actividad humana se convirtiera en la principal amenaza. El estudio de esta "cápsula del tiempo" apenas comienza y promete revelar aún más secretos sobre el pasado perdido de Nueva Zelanda.