Doble Amenaza: Nuevos Aranceles de Trump y Crisis Energética Sacuden la Economía Global
Una proclamación que ajusta aranceles a metales, firmada el 2 de junio, se combina con el cierre del Estrecho de Ormuz, creando un panorama de alta incertidumbre para las cadenas de suministro y un impacto directo en Latinoamérica.

La economía global enfrenta un escenario de alta tensión tras la confluencia de dos factores críticos: una nueva política arancelaria de Estados Unidos y una severa crisis en el mercado energético. El pasado 2 de junio de 2026, el presidente Donald J. Trump firmó una proclamación que ajusta los aranceles sobre importaciones clave de metales, mientras las tensiones geopolíticas en Oriente Medio han provocado el cierre del Estrecho de Ormuz, disparando los precios del petróleo a niveles no vistos en años.
Ajustes a la Política Arancelaria
La proclamación presidencial modifica los aranceles de la Sección 232 sobre el acero, aluminio y cobre. La medida más destacada es la reducción de aranceles del 25% al 15% para ciertos productos, incluyendo maquinaria agrícola y equipos de climatización (HVAC), en un intento por aliviar la carga sobre sectores productivos estratégicos de EE. UU. La normativa, que estará vigente hasta el 31 de diciembre de 2027, también busca incentivar el uso de metales estadounidenses, ofreciendo una tasa preferencial del 10% a empresas extranjeras cuyos productos contengan al menos un 85% de acero o aluminio producido en el país.
Estos ajustes se producen después de que la Corte Suprema invalidara aranceles anteriores en febrero de 2026 y en un contexto donde la administración utiliza estas herramientas como un pilar de su política comercial para, según argumenta, fortalecer la base industrial nacional. No obstante, análisis económicos advierten que estas políticas, en conjunto con otras propuestas, podrían terminar funcionando como un impuesto directo a los consumidores, elevando significativamente el costo de vida para los hogares estadounidenses.
La Crisis Energética en el Estrecho de Ormuz
De forma paralela, el mercado energético mundial ha entrado en una fase crítica. El cierre del Estrecho de Ormuz, un punto vital por donde transita cerca del 20% del gas natural licuado y el 17% del petróleo transportado por mar a nivel global, ha desatado una escalada en los precios. Las tensiones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán, que llevaron a la suspensión de negociaciones, son la causa directa de este bloqueo, que ya ha empujado el precio del crudo Brent por encima de los 97 dólares por barril.
Analistas advierten que esta interrupción en el suministro, la más grave en décadas, mantendrá los precios de los combustibles elevados durante meses, incluso si se alcanza una solución diplomática a corto plazo. La caída consecutiva en los inventarios de crudo en Estados Unidos agrava la situación, señalando una absorción de las reservas que antes moderaban los precios.
Impacto en las Cadenas de Suministro Globales
La combinación de metales más caros (debido a los aranceles) y costos de transporte y energía por las nubes crea una "tormenta perfecta" para las cadenas de suministro globales. Las empresas multinacionales enfrentan una creciente incertidumbre y costos operativos más altos, lo que las obliga a reevaluar sus redes de proveedores. La estrategia de "reshoring" (repatriar la producción), promovida por la administración Trump, enfrenta obstáculos significativos debido a la complejidad de las cadenas de valor y las diferencias de costos estructurales.
Este entorno fomenta la búsqueda de alternativas en regiones más cercanas y estables, un fenómeno conocido como "nearshoring", pero también aumenta la presión sobre las empresas para auditar sus cadenas de suministro y evitar sanciones, lo que añade una capa de complejidad regulatoria al comercio internacional.
Consecuencias para América Latina
El impacto de esta doble crisis es notablemente heterogéneo en América Latina. La región enfrenta tanto riesgos como oportunidades, dependiendo de la estructura económica de cada país.
Por un lado, los países exportadores de petróleo como Brasil, Colombia y Venezuela podrían beneficiarse de los mayores ingresos. Sin embargo, este beneficio a menudo se ve mermado por el costo de importar combustibles refinados y la necesidad de aplicar subsidios para proteger a los consumidores, lo que ejerce una fuerte presión sobre las finanzas públicas. En contraste, los países importadores netos, como Chile, enfrentan un deterioro de su balanza comercial y mayores presiones inflacionarias.
En el ámbito comercial, la política arancelaria de EE. UU. presenta un panorama mixto. Mientras las barreras comerciales aumentan para algunos, México se posiciona con una ventaja estratégica debido a su profunda integración en la cadena de suministro norteamericana. La crisis podría acelerar la tendencia del nearshoring, beneficiando a los países capaces de presentarse como proveedores fiables y cercanos al mercado estadounidense. Sin embargo, el aumento generalizado de los costos de producción y logística amenaza con frenar el crecimiento económico y alimentar la inflación en toda la región.
