iRobot: Crónica de la caída de un pionero de la robótica
La empresa creadora de Roomba se declara en bancarrota y es adquirida por su fabricante chino, Picea Robotics, tras el bloqueo de la compra por parte de Amazon y una intensa competencia.

iRobot, la compañía que definió la categoría de aspiradoras robóticas con su icónico Roomba, se ha declarado en bancarrota bajo el Capítulo 11 en diciembre de 2025. En un giro que marca el fin de una era para la innovación estadounidense en robótica de consumo, la empresa será adquirida por su principal fabricante y ahora acreedor, la firma china Picea Robotics. Este colapso es el resultado de una tormenta perfecta: una fallida adquisición multimillonaria, una competencia feroz y presiones financieras insostenibles.
El fracaso que sentenció a un gigante
El punto de inflexión para iRobot fue el bloqueo de su adquisición por parte de Amazon. En 2022, el gigante del comercio electrónico había acordado la compra por 1.7 mil millones de dólares, una cifra que prometía ser el salvavidas de la compañía. Sin embargo, el acuerdo fue finalmente desechado a principios de 2024 debido a la fuerte oposición de los reguladores en Europa, quienes argumentaron que la operación restringiría la competencia en el mercado de las aspiradoras robóticas. Amazon pagó a iRobot una tarifa de ruptura de 94 millones de dólares, pero el daño ya estaba hecho.
Sin el respaldo de Amazon, iRobot quedó en una posición financiera precaria. La empresa ya enfrentaba una caída significativa en sus ventas, con una disminución del 25% en sus ingresos del tercer trimestre de 2025 en comparación con el año anterior. A esto se sumó la intensa competencia de rivales chinos que inundaron el mercado con alternativas más económicas, erosionando la cuota de mercado de Roomba.
Deuda, competencia y el golpe final
La situación financiera de iRobot se deterioró rápidamente. Para hacer frente a la incertidumbre regulatoria del acuerdo con Amazon, la compañía había solicitado un préstamo puente de 200 millones de dólares. Cuando la adquisición fracasó, esta deuda se convirtió en una carga pesada. Con el flujo de caja en mínimos históricos, llegando a solo 24.8 millones de dólares en septiembre de 2025, la empresa ya no tenía capital adicional al que recurrir.
El golpe final provino de su propio socio de manufactura. Picea Robotics, con sede en Shenzhen, compró la deuda pendiente de iRobot y se posicionó como el principal acreedor. La declaración de bancarrota bajo el Capítulo 11 fue una formalidad dentro de un plan preacordado: Picea cancelaría millones en deudas a cambio del control total de la compañía. Como resultado, las acciones de iRobot serán retiradas de la bolsa y los accionistas actuales no recibirán compensación.
Implicaciones para la innovación y la seguridad
La caída de iRobot, una empresa nacida en los laboratorios del MIT en 1990 y que vendió más de 50 millones de robots, es más que una simple quiebra empresarial. Representa un caso de estudio sobre las presiones de la competencia global, las tensiones geopolíticas y el impacto de las decisiones regulatorias. La empresa que una vez simbolizó la robótica de consumo accesible en Estados Unidos ahora pasará a manos chinas, lo que plantea nuevas preguntas.
Legisladores en EE. UU. han expresado su preocupación por el traspaso de tecnología sensible, especialmente los datos de mapeo de hogares que recopilan los dispositivos Roomba. Irónicamente, el temor a que Amazon pudiera combinar esta información con sus propios datos fue una de las razones por las que los reguladores bloquearon la venta inicial. Ahora, esa misma tecnología estará bajo el control de una empresa extranjera, lo que subraya las complejas consecuencias de la intervención antimonopolio en un mercado globalizado.
El legado de iRobot perdurará en los millones de hogares que limpió, pero su historia final es una advertencia para la industria tecnológica. Demuestra cómo un pionero con una marca global y una sólida base de ingeniería puede tropezar si los costos aumentan, los rivales son más ágiles y la estrategia corporativa queda atrapada en el fuego cruzado de la regulación y la deuda.
