Sábado, 6 de Junio de 2026
Tecnología

La Huella Oculta de la IA: Consumirá Agua y Electricidad a Niveles Críticos para 2030

Un nuevo análisis revela que para finales de la década, la industria de la inteligencia artificial podría consumir el 3% de la electricidad mundial y una cantidad de agua dulce equivalente a las necesidades básicas de 1.300 millones de personas.

Imagen del artículo
Por Redacción KENJA6 de junio de 2026, 10:50 a. m.

La rápida expansión de la inteligencia artificial (IA) representa una amenaza silenciosa pero creciente para los recursos hídricos y energéticos del planeta. Un nuevo informe de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH) advierte que, de mantener las tendencias actuales, los centros de datos que impulsan la IA podrían consumir casi 950 teravatios-hora de electricidad para 2030. Esta demanda energética descontrolada y su consecuente huella hídrica y de carbono plantean un desafío urgente para la sostenibilidad global.

El Costo Ambiental del Progreso Digital

Para el año 2030, la infraestructura global de la IA podría requerir 9.3 billones de litros de agua dulce, una cifra que equivale a las necesidades básicas anuales de toda la población de África Subsahariana, estimada en 1.300 millones de personas. Esta proyección, basada en datos publicados a principios de junio de 2026, subraya un aspecto a menudo ignorado en el debate sobre el impacto ambiental de la tecnología, que tradicionalmente se ha centrado casi exclusivamente en las emisiones de carbono.

El consumo eléctrico es igualmente alarmante. Ya en 2025, los centros de datos a nivel mundial consumieron 448 teravatios-hora (TWh), posicionándolos, si fueran un país, como el undécimo mayor consumidor de electricidad del planeta. Para 2030, se proyecta que esta cifra se duplique, alcanzando los 945 TWh, lo que representa casi el triple del consumo anual combinado de naciones como Pakistán, Bangladés y Nigeria, que juntas suman más de 650 millones de habitantes.

Más Allá del Carbono: Una Huella Múltiple

El análisis de la ONU critica la visión limitada de medir únicamente la huella de carbono de la IA. Advierte que muchas soluciones "verdes", como el cambio a la bioenergía o la energía hidroeléctrica, pueden reducir las emisiones de CO2 pero a costa de aumentar drásticamente la huella hídrica y de suelo. Por ejemplo, la red eléctrica de Brasil, dominada por la energía hidroeléctrica, genera un 77% menos de CO₂ por kWh que el promedio mundial, pero su impacto en el consumo de agua y uso de tierra casi triplica la media global.

En 2025, el sector de la IA fue responsable de la emisión de 208 millones de toneladas de dióxido de carbono. Las proyecciones para 2030 elevan esta cifra a 399 millones de toneladas, lo que requeriría el cultivo de 6.700 millones de árboles durante una década para ser compensada. Además, la expansión física de esta infraestructura ocupará más de 14.500 kilómetros cuadrados de territorio, un área que duplica la superficie de la zona metropolitana de Yakarta.

La Urgencia de un Enfoque Sostenible

Los expertos señalan que la eficiencia tecnológica por sí sola no es la solución. Aunque los modelos de IA se vuelvan más eficientes, su creciente accesibilidad y asequibilidad impulsan un mayor consumo, lo que anula los ahorros logrados y aumenta la huella ambiental global. Este "efecto rebote" exige una acción proactiva y regulaciones más estrictas.

El llamado es a que los formuladores de políticas, las empresas tecnológicas y los ambientalistas trabajen en conjunto para desarrollar e implementar soluciones de energía y refrigeración verdaderamente sostenibles. Esto implica una evaluación integral que considere no solo las emisiones de carbono, sino también el consumo de agua, el uso del suelo y la generación de residuos electrónicos, que para 2030 podrían equivaler a desechar casi 250 Torres Eiffel cada año.

La revolución de la inteligencia artificial debe desarrollarse dentro de los límites planetarios. Asegurar que sus beneficios no se obtengan a costa de una crisis ambiental y de recursos es uno de los desafíos más críticos de nuestra era, exigiendo una gestión responsable que garantice tanto la sostenibilidad como la equidad en el acceso a sus ventajas.